El día comenzó a las 12.00, como preveíamos un día agitado decidimos comenzarlo relajándonos. Fuimos un par de parejitas al spa (Rincón y Sandra, Alcedo y un servidor) dónde nos sumergimos en las aguas y vapores, y salimos dispuestos a comernos el mundo en forma de albóngidas, croquetas y cervecita.
Aunque para algunos el día no se desarrollaba realmente bien (léase Rincón, a quien no dejamos dormir siesta y anduvo moribundo el resto de la jornada) para otros, por ejemplo el que les habla, no había sueño, si no más bien nervios, agravados sin duda por la continua presión que sobre mi ejercieron estos serios editores. Alcedo se reía, David hablaba de filosofía y Rincón bostezaba preocupantemente. Ahi es ná.
Llegaba poco a poco el momento, llegaron los músicos (Ale y Francisco, grandes sin duda), llegó el camarero. Llegaba el público a la Casa de la Cultura, llegó el señor concejal, la técnico de cultura, los fotógrafos (Miguel y Luis). Luego llegamos nosotros. Siguió llegando gente, amigos, vecinos, compañeros poetas. Y Alcedo no llegaba, el editor, el hombre que habría de decir unas palabritas no llegaba. Cuando llegó se justificó debidamente, eso es cierto, y todos quedamos satisfechos y comprendimos la necesidad que tenía de ir a la peluquería. Así pues, comenzó el acto.

Habló Antonio Medida y el repeinado Alcedo. Hablaron incluso bien de mi, cosa que agradezco, no creo que les resultara fácil. Hablé yo, fueron palabritas escasas, nerviosas y, lo juro, realmente sentidas.
Dichas las palabritas, el camarero nos sirvió unas cervecitas "Serrana Dorada" (muy buenas, por cierto) ofrecidas por la fábrica de Don Antonio Baena, "Baena e Hijos". Allí bebió hasta el que no bebía, incluso a alguien del público le llegó su cerveza (Evaristo fenómeno!)
Como se puede apreciar en la instantánea siguiente, Rincón pensaba en su siesta perdida y Alcedo sonreía cual adolescente enamorado mientras yo hablaba.

Luego comenzó el espectáculo, llegó el humo, las luces, las guitarras rompieron el silencio y junto con la armónica de Rincón llenaron el aire de música. Recité junto a ellos, ellos tocaron junto a mí.

Hubo risas, sintonía con el público, hubo momentos que me resultaron realmente bonitos. Disfruté leyendo, me emocioné recitando junto a la guitarra de Ale y entre el público vi sonrisas, que realmente fue lo que más me gustó.

Debo reconocer que me habría quedado allí toda la noche junto a un público estupendo y unos compañeros que en todo momento estuvieron arropándome. Pero no podía ser y entre música llegó la despedida, que francamente, espero que sólo sea un hasta luego.
La gente compró libros, más incluso de lo que habían previsto los editores, que no confían demasiado en mí, dicho sea de paso, aunque en el fondo me quieren y todo.
Firmé algunos (muchos) libros a gente muy querida, a mis vecinos, a mis amigos y a alguna personita muy especial.

Ni que decir tiene que cual estrella del rock allí se agolparon numerosas fans.
Más tarde vinieron algunas cervezas, un par de copitas y sobre todo muy buena compañía. Sin duda, una noche especial...
Muchas gracias a todos por haber estado acompañándome allí, realmente me sentí muy bien. Gracias en especial a Patri, a Inma, a mis padres, a Luis por las fotos y a Miguel, a la señorita Virtudes que allí estuvo, a Ale y Fran, a los señores editores y editoras, a mi amigo Peñita y mi amiga Ochi(que salgan a bailar!), a mi hermano y los Medina, a Beteta(que sin estar estuvo), a Evaristo siempre. Y por supuesto, gracias, muchísimas gracias a Josefa Parra por haber estado y por ser como es.
Gracias a todos, de verdad.
Y esto es todo amigos, por ahora, claro está. Ahora estaré ausente un par de semanas, tal vez me deje caer por aquí, pero lo dudo. Que volveré es seguro.
Gracias de nuevo.
Un abrazo.

